"El día de hoy marca el comienzo de un nuevo viaje en la historia de nuestra nación, una historia que tiene un significado que excede nuestras fronteras: el de la primera elección democrática de una mujer Presidente en África".- Ellen Johnson Sirleaf
En África había habido mujeres en el puesto de Primera Ministra. En Burundi, República Centroafricana (1975-76), Ruanda (1993-94), Senegal (2001-2002), Santo Tomé y Príncipe (2002-2003) y Mozambique (2004). Y luego ella. Primera Presidenta. Ejecutiva financiera. Política experimentada. Tenaz. Funcionaria de la ONU. Consiguió ser la primera mujer Jefa de un Estado en África, y Premio Nobel de la Paz. Liberia es un pequeño país situado en la costa oeste de África, fundado por EE UU en el s.XIX como colonia para establecer allí a sus esclavxs negrxs liberadxs. Durante más de 130 años, fueron lxs únicxs en tener el poder político, aunque solo eran el 5% de la población. Las desigualdades raciales desembocaron en constantes conflictos, en varios golpes de estado militares y dos guerras civiles entre los colonos americanos y los grupos étnicos indígenas, que ya habitaban ese territorio.
Ellen Johnson
Sirleaf nació en Monrovia, capital de Liberia, en 1938. De familia de
descendientes de esclavos y aborígenes. Su padre era hijo del jefe de la tribu Gola,
que le envió a la capital a estudiar Derecho, gracias a lo cual se convirtió en el
primer liberiano de origen indígena en ocupar un cargo de la
legislación nacional. Su madre era hija de un comerciante alemán y de una
tendera de una tribu local, que fue
adoptada por una familia adinerada americano-liberiana. Así que, aunque Ellen
no es américo-liberiana de nacimiento, ella se considera así, al haber sido
criada en ese ambiente, en el que tuvo una educación privilegiada, con la que
no podían ni soñar lxs jóvenes de las tribus. En 1948 comenzó a estudiar
Economía y Contabilidad en el colegio de África Occidental en Monrovia, uno de
los pocos centros de Educación Superior del país. “La educación de calidad
cambia la actitud y la mentalidad de las personas. Igualdad significa un mejor
rendimiento, significa una vida mejor para todxs”.
En 1955 se casó,
con 17 años. En 1961 viajó con su marido a EEUU, donde continuó sus estudios en
la Universidad de Colorado. Incluso de 1969 a 1971 estudió la licenciatura en
Administración Pública en Harvard. Estando tan cualificada, cuando volvió en
1972 a Liberia fue para trabajar como
Secretaria de Estado de Finanzas
para el gobierno de Tolbert y como Ministra de Hacienda después. En 1980 fue muy criticada como
corresponsable de la decisión del gobierno de subir el precio del arroz,
producto básico para la población, lo que provocó violentos disturbios y decenas de muertos.
Ese mismo año tuvo lugar el golpe de estado perpetrado por el sargento de uno de los grupos étnicos, Samuel Doe, quién derrocó y ejecutó a Tolbert. Ellen tuvo que exiliarse
a Kenia, donde trabajó como directora del
Citibank de Nairobi. Más tarde decidió volver a Liberia para presentarse
a las elecciones contra Doe, apoyada por hombres de negocios, activistas
políticos y gente destacada de la sociedad civil liberiana. Pero Doe la puso bajo arresto
domiciliario y la mandó encarcelar durante diez años. Solo estaría presa unos
meses debido a la presión de EEUU, que amenazó a Doe con retirarle la ayuda
económica. Así que le conmutó la pena de
prisión por la de exilio.
Esta vez Johnson-Sirleaf se exiliaría en Washington, donde trabajó para el Banco de Ecuador. De 1992 a 1997 fue directora de desarrollo de las Naciones Unidas del programa de la Oficina Regional para África. Cuando asesinaron a Doe, regresó a Liberia para presentarse a las elecciones presidenciales de 1997. No estuvieron exentas de polémica, pero fuera como fuese quedó segunda, siendo el ganador Charles Taylor, que había hecho una campaña electoral derrochando una fortuna adquirida con el tráfico de minerales. En 1999 estalló otra Guerra Civil y Taylor fue acusado de fomentar disturbios y rebeliones. En 2003, después de mucha presión, Taylor dejó el poder y se instauró un gobierno provisional en el país.
Ellen tuvo un papel activo en ese gobierno de transición. Negoció con EEUU la concesión por el Banco Mundial y los gobiernos comprometidos de 520 millones de dólares para reconstruir Liberia, que, después de la Guerra necesitaba ayuda desesperadamente. Carecía de escuelas, hospitales e infraestructuras de todo tipo, y la tasa de mortalidad infantil era altísima. Esta buena gestión le sirvió para prepararse para las elecciones de 2005, en las que por fin ganó al otro candidato, único balón de oro africano de la historia, el ex futbolista George Weah. Así, en 2006 se convertiría en la primera mujer presidenta de un país africano. Parece que la mayoría de sus votantes fueron mujeres y liberianos de la clase alta, que la veían como la única capaz de atraer las inversiones que necesitaba el país, preservar la estabilidad y controlar la corrupción. Y eso hizo.
En 2006 pidió la
cooperación de EEUU para ayudar a su país a “Convertirse en un
brillante faro, un ejemplo para África y el mundo de lo que puede lograr la libertad”.
Para su Continente pedía “Un trato justo. África tiene recursos naturales,
queremos ver los mercados abiertos y comercializar nuestros productos con
justicia. También necesitamos inversiones”.
Además fue miembro
del Consejo de Mujeres Líderes Mundiales, grupo internacional de mujeres
Presidentas, Ex Presidentas y Primeras Ministras, que tiene como misión
movilizar al mayor número de mujeres en todo el mundo para que actúen juntas en
el desarrollo equitativo de las sociedades. Sobre las mujeres con cargos de
poder comenta “La gran diferencia es que una debe seguir teniendo éxito en todo
lo que hace. Estás siempre siendo juzgada, observada a través de un microscopio
para analizar si lo que haces marca la diferencia”. De hecho, sus
políticas se han dirigido a menudo a mejorar la vida de las mujeres “La alfabetización de las niñas y la
protección contra la violencia sexual, incluidas las violaciones, que aún hoy son
un grave problema”.
En 2011 recibió el Nobel de la Paz, compartido con otras dos mujeres,
por su lucha no violenta, por la seguridad de las mujeres y por los derechos
de las mujeres a la plena participación
en el trabajo de reconstrucción de la paz “Es un premio para todo el pueblo
liberiano, por muchos años de lucha por la justicia, la paz y el desarrollo”.
Apodada Dama de
hierro por unxs o Mama Sirleaf por otrxs,
su gestión al frente del gobierno no está exenta de sombras. Alguno de
sus ministros estuvo envuelto en escándalos, que se investigaron pero nunca
resultó condenado. Fue reelegida para un
segundo mandato, rompiendo otra barrera de género al ser nombrada Presidenta de
la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental. En 2012 se vio
envuelta en una polémica por unas declaraciones en las que se manifestó a favor
de mantener las condenas por homosexualidad. Hasta Tony Blair, ex primer ministro
británico, declaró sentirse avergonzado por esas declaraciones. Organizaciones
defensoras de los derechos de los homosexuales han pedido que se le retire el
Premio Nobel de la Paz. No solo no se han quitado si no que le han concedido más
premios relacionados con la paz.
En 2018, Weah,
quién a día de hoy sigue siendo presidente, le ganó por fin las elecciones. Así que Ellen decidió
invertir su recién estrenado tiempo libre en fundar el Centro Presidencial para
la Mujer y el Desarrollo Ellen Johnson Sirleaf, con la finalidad de "Ser
un catalizador del cambio en África, ayudando a liberar su mejor activo sin explotar: a las mujeres". En 2019, fue nombrada Embajadora de Buena
Voluntad de la OMS para el personal sanitario. De hecho, en medio de la
pandemia de COVID-19 del 2020, fue copresidenta de emergencia del Panel
Independiente de la OMS para la Preparación y Respuesta ante una Pandemia
(IPPR) “En muchos países desarrollados tienen los recursos para lograr que sus
ciudadanxs se queden en sus casas, y apoyarlos mientras dure ese confinamiento.
Pero nosotrxs no tenemos ese lujo. En los países pobres tenemos muchísima
población en comunidades superpobladas”.
Además, ostenta numerosos cargos, remunerados y no remunerados en África y EEUU. Ha escrito varios libros sobre economía, tiene cuatro hijxs, ocho nietxs y un divorcio. Otra incapaz de aburrirse. A sus 82 años, tiene mucho que luchar por una Liberia que sufre para comprar arroz, azúcar, gasolina, o algo tan simple para nuestra sociedad occidental como tener electricidad.
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